La hora del terror

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De izquierda a ultraderecha: La momia ideológica, el mayordomo de defensa, el muñeco del diablo, el vampiro de hacienda, el Frankestein del Congreso, los alcaldes cabezas de calabaza, la parca y las brujas que ya sabemos.

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Dígalo sin miedo: Puta/Pirobo

Caricatura, Colombia, Dígalo sin miedo, Denuncia

INTRODUCCIÓN

Escribo -por fin- el último artículo de esta modesta sección que pretende explicar el correcto empleo de algunas de las vulgaridades colombianas.

Necesario es aclarar que ni este espacio, ni el entusiasmo de su autor, serían suficientes para lograr la empresa de recopilar todas las groserías que el diario vivir de los colombianos ha inspirado a los poetas de la malsonancia, pues más que una recopilación, “Dígalo sin miedo” es una invitación a los lectores para compartir las más escondidas palabras de nuestros vocabularios.

Hoy nos convocan las palabras “Puta” y “Pirobo”, ambas de diferentes significados pero reunidas en un mismo espacio para economizar kilobytes.

PUTA

Para nadie que hable español es un secreto el significado de esta palabra. De hecho, está ya explicada y definida desde el primer post de esta sección, cuando hablamos del vocablo “hijueputa”. Por eso en este caso habrá que profundizar en las palabras que se han derivado de ella, y que sin duda serán de especial interés para los hablantes que han seguido con devota lectura esta sección.

Para comenzar la difícil tarea de explicar la polisemia de la palabra “puta”, es necesario despegarnos de la existencial y verbal herencia gringa, que propongo comprender como el efecto ‘to be’: consiste en equiparar el significado de los verbos “ser” y “estar”, que tan distintas funciones cumplen en nuestra lengua española; pues es a partir de esta división semántica que podremos explorar las diferencias entre “ser puta” y “estar puta”.

“Ser puta”, para nuestro caso, hace referencia a aquellas mujeres que laboran -como cualquier colombiano, pero más dignamente- en el comercio sexual. Pero “estar puta” o “estar puto” significa en Colombia lo mismo que “estar enojado”. Cuando una mujer le diga “déjeme en paz que estoy muy puta”, no es recomendable ofrecerle suma alguna de dinero a cambio de sus servicios, pues todo terminará irremediablemente en un incómodo malentendido.

Comprendida la anterior acepción, pasaremos al vocablo “putería”, que a su vez significa rabia o enojo: verbigracia al decir “hoy me levanté con la putería alborotada”. Esta palabra puede tener también un significado positivo, por ejemplo, cuando alguien diga “¡qué putería de carro el que compró Fulano!” no será en tono despectivo, sino una referencia a que el carro ha causado un muy positivo impacto en nuestro interlocutor. Para no arriesgarse y lograr adivinar con acierto el significado de esta expresión, se recomienda echar mano del contexto en que se encuentra, y claro está, de los gestos de quien la pronuncia.

Pero volvamos a los significados negativos. “Emputarse” no es, de manera alguna, dedicarse a la prostitución, o un sinónimo de “amputarse”. Es la acción de enojarse, de “estar puto”, de llenarse de putería.

Para terminar, consideraremos la palabra “putamente”. Se utiliza como un adverbio, pero lo curioso es que afecta más al adjetivo que lo sigue que al verbo que lo antecede: “estoy putamente feliz”, “el alcohol es putamente bueno”, “el congreso es putamente malo”, “está putamente puto”. A modo de comentario indiscreto, diré que Santiago Sarmiento sí que sabe utilizar esta palabra. Se podría decir que está “putamente acostumbrado” a emplearla. Él sabrá disculpar hacer pública esta cualidad suya pero es necesario para una correcta comprensión poner ejemplos prácticos.

PIROBO

La palabra “pirobo” es casi monosémica, se utiliza para nombrar a aquellas personas que inspiran desprecio. “Fulano es un pirobo” o “no le haga caso a ese pirobo” son frases en las que se puede observar fácilmente el empleo de la palabra en cuestión.

Dice Noelia (fuente que, según dice, tiene un amigo pirobo) que la palabra “pirobo” se utiliza en la ciudad de Cali para referirse a quienes -por su posición o frustración económica- destilan de su personalidad un desagradable hedor a pseudoburguesía. Saludamos entonces al pirobo en cuestión.

En el próximo artículo hablaremos de las conclusiones que se pueden obtener a partir de las palabras ya expuestas y despediremos esta sección que, aunque entretenida de escribir, ha hecho ya los méritos necesarios para sumirse en el olvido.

Hasta la próxima.

Dígalo sin miedo: Güeva

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Cada país, de acuerdo con su tradición, ha rebautizado aquél par de esferas ligeramente fajadas en el ecuador que los hombres se enorgullecen de poseer entre las piernas. En el caso de Colombia, la palabra “Güevas” ha sido la más difundida, ya que, en primer lugar, se postula como una breve alternativa a la extensa palabra “testículo”, es menos ridícula y refinada que “gónada”, más exacta geométricamente que “bola” o “pelota”, más expresiva que “huevo” y más sonora que “criadilla”.

Una güeva, es, entonces, cada una de las dos gónadas que sirven a los ejemplares del género masculino de nuestra especie para producir pequeños pseudorenacuajos que iniciarán un recorrido hacia un condón, una sábana o un óvulo (por mencionar sólo algunos de sus múltiples destinos), dependiendo ello de los respetables gustos de sus dueños.

Pero las representaciones que la palabra “güeva” puede evocar y adquirir según su contexto, y las mutaciones que ésta ha logrado en su empleo popular distan mucho de su significado riguroso. Es en estas variaciones que este artículo hará un especial -pero ligero- énfasis.

Nos sirve para referirnos a aquellas personas que en una determinada situación evidencian su limitada capacidad mental. En este sentido, diremos que “Fulano es una güeva” cuando éste nos da una prueba de su torpeza. También podemos decir que “estuve esperando sentado como una güeva” cuando una persona se ha tardado mucho tiempo en llegar y nos hace sentir estúpidos.

Debido al gran número de acepciones que ésta palabra posee, me veo en la obligación de enumerarlas, describiendo someramente sus significados y empleo:

Güevón:

Si nos dejamos llevar por una primera y ortodoxa impresión, razonaríamos bien al decir que se trata de un individuo con una masa testicular por encima del promedio. Sin embargo, debido a las complicaciones al corroborar el tamaño de las güevas de nuestro interlocutor, se utiliza la palabra “güevón” de la misma forma que “güeva”, pero dirigido estrictamente a un sujeto. Así, retomaremos el ejemplo anterior al decir que “Fulano es un güevón”, o “me siento como un güevón”, cuando hacemos referencia a la estupidez de alguien.

Con el tiempo, decirle “güevón” a un amigo cercano ha dejado de ser ofensivo, para tomar un significado amistoso y cordial que enaltece la masculinidad del personaje a quien se hace referencia. Se debe evitar decirle “güevona” a una mujer, pues ésta carece de güevas. Para estos casos, se recomienda desde Mundo desgrafiado el empleo de los vocablos “ovárica”, “trompuda de falopio” o “trompifalopiuda”según sea el gusto del hablante.

Güevonada:

En un artículo anterior de esta sección, al hablar de la palabra “marica”, hicimos referencia a la mutación “maricada”, que significa algo sin importancia. En este caso podemos decir que una güevonada es lo mismo que una maricada, ambas palabras se alejan de sus significados ortodoxos para evocar una sensación de desinterés o desprecio. Para usar la expresión “güevonadas”, diremos “deje de hablar güevonadas”, cuando alguien se extiende en decir cosas sin importancia o de naturaleza engañosa.

Agüevado:

Esta palabra sigue la línea de “güeva” y “güevón”. Se emplea para aludir a las personas torpes, pero en el caso de “agüevado” su significado puede ser más efímero. Hay un refrán que reza que “Para la guevonada no hay remedio” (en este caso, “güevonada” no es una cosa, sino un concepto. Podría entenderse como la “Güevidad” de algo, o la cualidad de güevón), sin embargo, el “agüevamiento” es pasajero.

Cuando se dice “quedé como agüevado cuando me dijo que estaba embarazada”, se hace referencia a una sensación de “agüevamiento”, que explicaremos a continuación. Se recomienda al lector no emplear la palabra “engüevonado” que no es más que un incorrecto uso de la expresión original.

Agüevamiento:

Se trata de una sensación que surge cuando uno se siente estúpido, perdido, sin capacidad para entender o hacerse entender. Cuando uno está “agüevado” -valga la redundancia- es porque sufre de agüevamiento. Como ya se expresó, el agüevamiento es pasajero, y desaparece cuando la lucidez vuelve a nuestra mente. Sin embargo, hay que ser cuidadosos, hay personas que se han convertido en completos güevones de por vida por no tratar el “aguevamiento” a tiempo.

Así terminamos la sección del día de hoy. El lector sabrá disculpar la brevedad y quizá confusa exposición del término, pero por razones de espacio se ha procurado la brevedad antes que la profundidad. De cualquier forma, todas las dudas y nuevas acepciones serán gratamente recibidas y discutidas en los comentarios.

La próxima palabra a tratar en la sección será “Puta” y sus derivaciones. También haremos referencia -a modo de bonus word- al vocablo “pirobo”, ya que por su naturaleza monosémica no vale la pena dedicarle un post exclusivo.

Nos leemos en la próxima.

Dígalo sin miedo: Cacorro/Marica

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WC - LGTB

INTRODUCCIÓN

Hablar de los homosexuales en un país homofóbico es siempre un riesgo, más todavía cuando uno debe moverse en el lodoso terreno de la caricatura, en el que la burla es a menudo confundida con el irrespeto.

Y aunque en parte lo que se busca con la caricatura es irrespetar la autoridad, en el caso de este corto artículo no podemos ocultar lo abonado que está el terreno de la diversidad sexual en lo que a situaciones cómicas se refiere, pero con la salvedad de que en este espacio siempre se realizan los chistes basándose en el respeto por la diferencia, que tanto se pretende defender en Mundo desgrafiado.

Sin más innecesarias explicaciones, comenzaremos el artículo del día de hoy.

CACORRO/MARICA

No podemos negar que ambas palabras son curiosas. Comenzaremos por la más monosémica y menos conocida, que para este caso es “Cacorro”. Dice Juan Valdéz que un cacorro es un recipiente, con forma de caneca y dotado de cargaderas, que sirve a los recolectores de Café para ir depositando los granos en etapa de recaudar la cosecha.

Pero otro es el significado de la palabra cuando le preguntamos a alguien diferente al reconocido ícono cafetero. En las calles colombianas, un ‘cacorro” es un personaje que sostiene relaciones sexuales con un ser humano de su mismo sexo. Aunque el diccionario de la Gonorreal Academia Española se abstiene de categorizarla, se usa en su mayoría como adjetivo, en frases como: “Fulano es cacorro” o “El muy cacorro se me atravesó”.

Para profundizar en el tema que nos convoca, podemos concluir que un cacorro es un marica. Sin embargo, la palabra “Marica” se considera menos ofensiva, y mi teoría para explicar este fenómeno es que, fonéticamente, “cacorro” exige un mayor trabajo de los pulmones, por lo que suena más fuerte. Pero no es más que una suposición.

Los vocablos “cacorro” y “marica” se aplican casi exclusivamente a la comunidad homosexual masculina, ya que es ésta la que mayor discriminación sufre. En la práctica, diremos que “Sultano es un marica”, o que “Sultano es marica” cuando el personaje a quien nos referimos acompaña su conducta con un halo de afeminamiento. El término es aplicable a los integrantes de la comunidad “emo”, por obvias razones.

La palabra “maricón” es una variación de “marica”, con sus mismas connotaciones. Pero la variación más notable de “marica” es, sin duda alguna, “maricada”. Una “maricada”, es una cosa que carece de importancia. Podemos decir, entonces, que alguien está “hablando maricadas” cuando no habla de nada interesante, o que “Fulano compró un montón de maricadas” cuando Fulano ha comprado una gran variedad de artículos sin importancia.

Finalmente debemos considerar la palabra “mariquiar”. Ésta se emplea como sinónimo de “molestar”, en oraciones como “deje de mariquiar” o “Sultano me está mariquiando”. Es importante resaltar que las acepciones “maricada” y “mariquiar” no guardan relación directa con la homosexualidad, pero se conservan en la jerga popular por motivos que veremos en el post final de esta serie.

Eso es todo por el día de hoy. Conforme a los resultados obtenidos en la encuesta que este espacio realizó en la semana anterior, el próximo artículo tratará sobre la expresión “Güeva” y las palabras que de ésta se derivan. Hasta entonces.