Divino estorbo

Dicen los que creen en Dios que ese ser etéreo está en todas partes. Yo, que no puedo negar un irreconciliable problema con todo lo que no existe, debo reconocer que aquella dogmática afirmación tiene, sin embargo, algo de cierta. He comprobado con mis propios ojos -y en repetidas situaciones- que allí donde la ciencia está por hacer un descubrimiento, o los estados por implementar un avance… ¡zas! aparece Dios y se edifica como un inmejorable estorbo para el progreso de la humanidad.

No soy un fanático del ateísmo. Está bien que cada persona crea en lo que se le venga en gana, siempre y cuando asuma las consecuencias -o las ventajas- de su fe. Que sean los creyentes quienes se priven voluntariamente de toda la medicina que ha sido descubierta a partir de lo que ellos llaman pecados, que tengan muchos hijos y no planifiquen, que tengan que casarse y que nadie los deje divorciar.  La religión, su atraso y sus perjuicios solamente deben sufrirlos quienes están dispuestos a someterse a ellos.

Dejen que los demás animales hagamos tranquilamente parte de la cadena alimenticia, sin cielos, infiernos ni purgatorios. Permitan que campos del conocimiento como la astronomía y la biología ocupen en los pénsum escolares el lugar de cursos como religión y valores, y dejen esas fantasías solo para ensuciar sus domingos. Recuerden las palabras de Elmo Valencia: «El onceavo mandamiento debería ser no estorbar«.