Censura en la Universidad De Antioquia

Con esta viñeta, quiero manifestar mi rechazo a la censura por parte de la administración de la Universidad de Antioquia ante el mural del colectivo RAM (Resistencia Arte y Memoria), el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado -Movice- y un grupo de estudiantes. La Universidad es un actor esencial en tiempos donde la voz y la visibilidad de las víctimas reclama escucha en el panorama nacional.

Más al respecto en este artículo de Hacemos Memoria.

Censura divina

censura-feisbuquiana

Ya alguna vez había hablado de la omnipresencia de Dios, que aparece siempre allí donde se pretende un avance para la humanidad. También la risa, desafortunadamente, es un pecado para quienes nos fuerzan a permanecer en el atraso. Solamente puedo afirmar  que, afortunadamente, lo único que violo yo son las tales normas de la comunidad.

¿Quién me da permiso de escribir sobre la Ley Lleras?

Si reflexionamos cuidadosamente sobre las últimas elecciones presidenciales no podremos evitar reconocer que la ‘Ola verde’, a la hora de la verdad, no era más que una gota en el mohoso charco de la política colombiana. Pero en su defensa diremos que ello se debió a la falta de madurez de quienes utilizaban la Internet por aquellos días, y que no estaban equivocados en la elección del medio. Esto Juan Manuel Santos lo sabe bien, porque su innombrable asesor de imagen así se lo dijo cuando intentaba resucitar aquella campaña política tradicional, embustera y sucia; que logró triunfar porque puso a las «familias en acción» para reclamar almuerzos y subsidios. El pasado proceso electoral, decía, demostró a todos los partidos políticos las dimensiones del poder que ejercen los medios alternativos de comunicación, y especialmente aquellos que posibilitan la asociación y el intercambio de ideas, como es el caso de las redes sociales.

El estudio de la Internet y las reflexiones a propósito del poder de la información libre marcaron más hondamente el insomnio de los gobernantes colombianos cuando en el oriente medio se cosechaban los frutos que en Colombia todavía estaban «verdes»: un activismo más allá de la pantalla, que arrojó la gente a las calles y a un país sobre otro. El resto lo saben ustedes ya.

La estrategia colombiana para protegerse de este «problema» no pudo ser más absurda y peor diseñada: el proyecto de Ley 241 de 2011, más conocido como la «Ley Lleras». Como el lector sabrá, esta ley dota a las ISP de la autoridad para bloquear contenidos que supuestamente vulneren los derechos de autor, lo que me hace recordar aquella amarga experiencia con El Señor Innombrable, quien de un momento a otro resultó ser marca registrada, asegurando que no se podía hablar de él sin su oscura autorización. De hecho, en el sitio Web personal del presidente Santos se afirma que este proyecto de ley intenta combatir los «ladrones de contenidos» ¿somos ladrones quienes tomamos prestados los nombres de quienes nos hacen daño para denunciarlos, a falta de verdaderos medios de información que lo hagan?

Las reacciones a la Ley Lleras van desde videos pedagógicos que explican los antecedentes y efectos de este tipo de iniciativas, páginas Web del gobierno que han sido inhabilitadas (Primero la del Senado y Gobierno en Línea, después la del Ministerio de Interior y la Presidencia), comunicados de grupos ciberactivistas (Entre ellos Anonymous y Safety Last Group), hasta un movimiento constante del tema en las redes sociales.

Vale la pena también recordar que Germán Vargas Lleras, quien propone la ley, fue uno de los menos beneficiados por las redes sociales en las pasadas elecciones. Ahora, parte del gobierno de «unidad nacional», lanza al ruedo este controvertido proyecto de ley que disfraza la censura a los medios alternativos de un altruísmo falso y engañoso, que dice propender por los derechos de los artistas pero que beneficia a tan pocas personas que se podrían contar con los dedos de las manos del mismo Vargas Lleras (con todo lo mucho -o poco- que ésto traiga consigo).

¿En qué terminará este asunto? Presenciamos un evidente reto de la comunidad virtual colombiana, pues en este país, hasta ahora, Facebook, Twitter y los blogs son redes ‘asociales’ que parecen unir a las personas, pero a sus computadores. Es hora de demostrar que el activismo y la participación virtuales pueden ir más allá de hacer clic en el botón de «Me gusta».

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Lecturas recomendadas al respecto hay muchas, pero especialmente les dejo dos: el Borrador de la Ley Lleras (En Dequr) y un análisis de 11 aspectos polémicos de la Ley Lleras, por Camilo Andrés García (de quien, a propósito, son los enlaces que más arriba pongo sobre los ataques a los portales del gobierno).

«Pasemos la página»: El Señor Innombrable

Hace pocas semanas, denuncié en este espacio haber recibido un comunicado de parte del abogado de J.J. Rendón, instándome a eliminar el artículo titulado «J.J. Rendón y la guerra sucia en las elecciones» que fue publicado en la Revista Claroscuro. Las reacciones no se hicieron esperar y desde todos los rincocnes del mundo la noticia tuvo resonancia (por ejemplo, Global Voices habló de esto en Español, Inglés e Italiano), desatando una avalancha de opiniones que reclamaban el derecho a expresarse libremente y defendían la opinión como lo único que nos queda a los ciudadanos para hace frente a las cada vez más frecuentes violaciones que sufre la corrompida democracia en que vivimos.

Aunque algunas personas me invitaron a publicar de nuevo el artículo, me rehusé a hacerlo porque -como lo dije en un comentario en Equinoxio– el problema no se puede limitar a mi caso particular, ni termina con la publicación de un artículo. La preocupación es de todos quienes queremos opinar, y el Señor Innombrable no es el único que lo ha impedido: existen muchos «Señores Innombrables», organizaciones innombrables, problemas innombrables, temas innombrables, hechos innombrables.

Me niego a vivir en un paraíso donde la forma de solucionar los problemas sea negando su existencia al dejarlos de nombrar. Por eso no ha sido mi intención mostrarme como una víctima, solitaria y censurada; ni a J.J. Rendón como el verdugo. Los correos electrónicos, comentarios, y post’s que he leído a raíz de esta situación dan cuenta de la cantidad de blogueros que han tenido que borrar sus opiniones, así como de la cantidad de verdugos que tiene la opinión en Colombia y el mundo.

Pero, con todo y eso, la única víctima que tiene esta situación es abstracta: la libertad de expresión. No existimos víctimas particulares.

Algunos dicen que «la unión hace la fuerza», y yo siempre he pensado que esta consigna está mandada a recoger, porque  la fuerza ya no nos sirve a los ciudadanos para defendernos. Muchos de ustedes, amigos lectores y blogueros, han sabido afilar la palabra para que sea aguda como un arma, y con ella han dejado de ser víctimas para convertirse en parte de un poder diferente que convoca a la unión sin ser necesaria la homogenización del pensamiento.

He visto admirado el coraje de muchos blogueros desafiando a los abogados, la persistencia de otros al difundir incansablemente esta situación, la solidaridad de quienes me asesoraron, el humor, el ingenio, la crítica argumentada, corrosiva de muchos más.

Y ha sido gracias a todas estas personas que hoy podemos reconocer un pequeño paso que nos anima a comenzar una propuesta diferente:

Opinión del Señor Innombrable vía Twitter

«@Lullyp asì que dí unilateralmente por concluido el caso,lo mismo con lo de nicolas uribe.Pase de pàgina y para adelante!saludos
(…)
@Lullyp he tratado de expresar mi punto de vista en el blog, pero es muy dificil debatir con posturas previas en mi contra
(…)
@Lullyp Llully….ya pasé esa pàgina..que hagan,digan,dibujen lo que quieran.que hagan caso omiso a la comunicaciòn del abogado.«

Nuevamente, considero necesario dejar claro que no se trata de un caso particular, y que El Señor Innombrable no ha sido en todo este asunto más que una referencia. Lo realmente importante es que logremos llevar esta experiencia a muchos espacios más y podamos analizarla como el comienzo, como una construcción de una comunidad de blogueros solidaria, deliberativa y diversa; que opina con entusiasmo, con libertad y con argumentos.

Y finalmente, al Señor Innombrable, debo decirle que hubiera bastado con dejar en el artículo original un comentario, para que con un debate constructivo, ameno y en buenos términos, se arreglara la situación.

Y pasemos la página, pero para seguir escribiendo en la próxima.

Más censura y amenazas: el caso de la Corporación Nueva Gente

Santos había prometido a los Colombianos que el suyo sería el gobierno de la «Prosperidad democrática». En todos los discursos, propagandas, entrevistas, debates y demás espacios donde Juan Manuel podía dar a conocer su propuesta de gobierno, desembocaba inevitablemente en promesas de empleo. Todo muy bien preparado por su asesor de campaña.

Pero después del 7 de agosto, estas promesas se han venido al suelo, sobre todo para los caricaturistas y columnistas de opinión. Vladdo, uno de los caricaturistas más conocidos de Colombia, publicó en su blog el pasado jueves una columna donde expresaba su amarga decepción ante el sigiloso gobierno actual. Y es que este gobierno se caracteriza precisamente por un lúgubre silencio, por evitar los periodistas y hacer todo en el encierro: lo que antes llamábamos «opinión pública» se ha privatizado también, metódicamente.

La circunspección del gobierno actual está bien justificada y fortalecida:

La escandalosa intensificación de la violencia en todas las ciudades no deja al gobierno mucho para decir, y las medidas que se toman desde la oscura Casa de Nariño demuestran que la continuidad del uribismo está vigente, aunque los libretistas de Uribe y Santos les hayan propuesto una dramática y superficial divergencia de opiniones. Una comedia que ambos, a través de los medios, han representado con éxito y que los colombianos siguen como a una telenovela.

Por otra parte, el gobierno se ha propuesto no sólo ser el abanderado del silencio, sino su más implacable gestor y promotor. Colombia vive una época de violencia y de «Prosperidad represiva»: organismos del estado como el ESMAD ingresan a las universidades públicas sin carnet, inclusive, llevan su indeseable presencia a otros escenarios de protesta pacífica. El ejército plaga los pueblos y ciudades con camiones, reclutando ilegalmente a jóvenes y adultos.

Por otra parte están los movimientos oscuros que siempre han gobernado en Colombia, rebosantes de impunidad y estableciendo sus propias leyes. El gran favor que Álvaro Uribe hizo a estos grupos fue decir que habían desaparecido, ya que pueden gobernar a sus anchas sin preocuparse por los escándalos.

Medellín es una de las ciudades más afectadas por todos los males ya mencionados, especialmente por el silencio. Y, como un virus, el problema se extiende y salpica poblaciones vecinas, como es el caso del Municipio de Itagüí. El pasado jueves 16 de septiembre, Carlos Andrés Cardona, presidente de la Corporación Nueva Gente, recibió una amenaza de muerte por su participación en diversos procesos de defensa de los derechos humanos en ese municipio, y por sus denuncias mediante «La Fuerza Informativa«. A su oficina llegó la siguiente nota:

La caligrafía de los matones es pésima, y desconocen las ventajas de la puntuación. Hay que decirlo. Les transcribo la nota a continuación:

Señor Andrés Cardona

Los muertos no son tu problema te callas o te callamos hijueputa malparido te demostraremos que no estamos jugando en Itagüi estamos cansados de tanto sapo hijueputa

En Mundo desgrafiado se denunció recientemente el intento del Señor Innombrable por silenciar las opiniones diferentes a la suya. Y se hace necesario también denunciar este tipo de casos, que abundan en Colombia y que son también intentos (cada vez más cercanos y violentos) de callar a quienes se oponen a la Ley del silecio impuesta por los gobernantes colombianos.

Desde este espacio quiero hacer llegar a Carlos Andrés y a los integrantes de la Corporación Nueva Gente mi apoyo, dando a conocer su caso a quienes visitan este espacio. Somos cada día más los que consideramos necesario contarle al mundo lo que sucede en Colombia, la tensa situación de censura que vivimos, las fuerzas mezquinas y silenciosas que desde todos los flancos se oponen a la expresión y a la defensa de los derechos y las garantías para vivir dignamente.

Nuevamente es necesario decir que aunque nos quieran dejar sin trabajo a quienes utilizamos como materia prima la información, la opinión y la expresión; seguiremos en un inexpugnable esfuerzo por hacer lo que consideramos necesario para que los que se queden sin trabajo sean los silenciadores.

El Señor Innombrable responde

Caricatura Por: Bacteria
Caricatura Por: Bacteria

Necesario es comenzar este post con un extenso agradecimiento a todos los blogueros y twitteros que se dieron a la tarea de difundir el comunicado «El silenciador del Señor Innombrable«, rechazando todo tipo de censura en los medios alternativos de opinión, como los blogs. Me resulta imposible citar todos los espacios como blogs, comentarios y correos electrónicos que expresaron su indignación y su apoyo ante esta situación, asesorándome en cuestiones legales y manifestando su rechazo ante los artilugios que pretenden etiquetarnos como «difamadores».

En Equinoxio, uno de los medios que difundió esta noticia, aparece un comentario a nombre del Señor Innombrable. Como no tiene el símbolo de marca registrada, no puedo asegurar que sea de él, pero vale la pena transcribirlo a continuación para que luego no se diga que Mundo desgrafiado quita a sus censores el derecho a la réplica. Ha sido ligeramente editado para evitar líos de naturaleza jurídica, pero se deja el comentario tal cual, aunque evidencie un infortunado problema con las tildes y la puntuación:

«[Señor Innombrable]
martes 14 de septiembre de 2010, 20:50 COT

Ud puede nombrarme cuantas veces quiera;lo que no deberìa es difamar sin pruebas ni sustento.volverse un replicador de difamaciones de otros *libres difamadores de la web* y sentirse impune.Las opiniones se respetan sì,pero no pueden considerarse opiniones inofensivas o simples aquellas que solo buscan  dañar,discriminar,exponer al ataque pùblico o descalificar descarnadamente.Ya no es mi abogado si no YO quien le escribo reclamandole respeto,informaciòn veraz,objetividad y dejar de usar mi nombre calumniandome.
Atte
[Señor Innombrable]

(…)

[Señor Innombrable]
martes 14 de septiembre de 2010, 20:52 COT

Le aclaro que no es mi intenciòn silenciar a nadie;ya estoy acostubrado a este tipo de ataques sin embargo me siento no solo con el derecho sino con el deber de al menos tratar de dejar clara mi posiciòn al respecto.
[Señor Innombrable]»

Y yo debo decirle, respetado Señor Innombrable, que estamos completamente de acuerdo. Es más: si nuestra opinión es tan similar, no veo por qué tantos líos. En nuestros tiempos, con tanto difamador suelto (que inclusive se lucra de sus difamaciones, mire usted) es imposible controlar la avalancha de calumnias a los buenos nombres de personajes públicos, y un ejemplo de ello fueron las pasadas elecciones aquí en Colombia.

El artículo que algún día se publicó en la Revista Claroscuro y en Mundo desgrafiado ya ha sido borrado y en él aparecía un resumen de las actividades, entrevistas y opinones que en la Web se han gestado acerca del trabajo del Señor Innombrable. Nada fue inventado por el autor de este espacio y todo sigue allí, para quienes no tuvieron suficiente con las pruebas que lanzaba la televisión y la realidad misma. Además, aclaro que todo aquél material (como todo el de este blog) se acoge al género de la «caricatura escrita», pero de ello hablaremos en una próxima ocasión.

Lo único que se consigue intentando callar una opinión es despertar una avalancha de rechazo a la censura, que, dejando de lado los eufemismos, fue lo que sucedió en este espacio. Así que, nuevamente, envío mi agradecimiento a todos los que -al igual que yo- rechazan la difamación y en su lugar defienden la libertad de expresar las opiniones que inspiran el diario vivir, la guerra sucia, la propaganda negra, los rumores y los demás instrumentos de la manipulación; de los que el Señor Innombrable no ha sido, ni es, ni será nunca, por ningún motivo, gestor ni cómplice (según su opinión, claro está).