Democracia (2)

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La frase célebre que aparece en la leyenda debo atribuírsela a su autor original, quien la pronuncia en este artículo.

Del perdón obligado y la justicia

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“Lo cierto es que el revuelo dio este miércoles para una especie de carrusel de peticiones de perdón. Inicialmente, a la solicitud del Tribunal Superior de Bogotá de que el Ejército les pida perdón a las víctimas por las desapariciones en el Palacio de Justicia, respondió el presidente Juan Manuel Santos argumentando que a quien se le debe pedir perdón es al Ejército, porque el país no ha sido lo suficientemente enfático para demostrarle respeto y gratitud. De paso, también le pidió perdón a Betancur por la solicitud del Tribunal de que sea investigado por la Corte Penal Internacional.” (1)

El problema de perdonar, en Colombia, es que pocos sabemos cómo hacerlo, ni a quién. Las personas que más han sufrido por el conflicto armado no saben todavía si el perdón por todo lo que han tenido que pasar debe concederse de manera unilateral, sin exigencias, ni explicaciones: un olvido absoluto, cargado de impunidad, de amnesia judicial, de resaca histórica… En segundo lugar, no sabemos a quién exactamente se debe pedir perdón: si al pueblo colombiano en su conjunto, si a las víctimas, si al ejército, si a Belisario, si a Uribe. Estos vacíos de conocimiento en torno al perdón son producto (hay que decirlo nuevamente) de libros pendejos como “La magia del perdón” y La Biblia.  La iglesia y Walter Riso no saben cuánto daño le han hecho a sus seguidores, difundiendo esa filosofía de poner la otra mejilla y perdonar solamente para no cargar más con el dolor.

Mientras tanto, los vejámenes continúan:

Sin mayores apremios ni mando de tropa, uno de los oficiales más representativos de las últimas décadas, el excomandante de las Fuerzas Militares, general Jorge Enrique Mora, no tiene reservas para expresar su opinión, que dice ser la de la totalidad de los militares: “Tengan la seguridad de que ninguno de los generales de la cúpula actual ni de la que viene van a pedir perdón por el Palacio de Justicia, como quiere el Tribunal de Bogotá. Los magistrados se van a quedar con las ganas porque es un fallo que ignora el mundo militar”.

(…)

Una posición que, sin tapujos, defienden los militares retirados, para quienes hacer justicia no puede significar fomentar el odio hacia la institución castrense. “Es que los magistrados no pueden ignorar cómo se ejerce el mando o cómo se maneja un ejército. Nosotros sabemos que el tema del Palacio de Justicia es un dolor para todos, que ese día hubo mucha confusión y errores, pero con un trasfondo político no puede hacer carrera que se piense que las Fuerzas Militares son un grupo de bandidos. Por eso nadie va a pedir perdón”, insistió el general (r) Jorge Enrique Mora.” (2)

Y existe el otro perdón. El que necesita primero que se encuentren los párpados hinchados de la víctima y el victimario, para que ambos noten que no han podido dormir apaciblemente desde aquél día. Y entonces sí, vendrán las lágrimas, las palabras de parte y parte, desahogo, explicaciones, preguntas, respuestas, nuevas ofensas y al fin, porque el momento no podrá durar para siempre aunque sea eterno, cada cual seguirá su camino. No se trata de la venganza, ni del rencor, pero tampoco del olvido: se trata de la justicia.

No podemos pedirle al ejército que salga en un acto solemne, ante el pueblo colombiano, y reconozca las faltas que como institución ha cometido, porque las fuerzas militares no saben recorrer ese camino de la reflexión que lleva a develar los errores propios. Y no les conviene conocerlo, porque dentro de veinte años tendrían que salir a la misma plaza a pedir perdón por los falsos positivos. Sería un proceso de nunca acabar, porque el perdón que la justicia colombiana le exige al ejército es un perdón vano, que no parte del arrepentimiento de quien se equivoca.

Si las fuerzas militares no se arrepienten de sus errores, no merecen el perdón. Eso hasta los católicos lo saben. Pero la razón por la que, aunque salgan los soldados arrepentidos, no se puede conceder el perdón, es diferente: han pasado muchos años desde la toma del Palacio de Justicia por el M-19, y no se ha disipado el humo que cubrió los hechos de ese 7 de noviembre de 1985. A la fecha no sabemos con exactitud las atrocidades por las que ni el mismo ejército es capaz de presentar disculpas. Que venga primero la justicia, después veremos si se puede perdonar y conceder el olvido.

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Contenidos de interés:

(1) Sigue polémica por condena a Plazas Vega [El Espectador]

(2) “No existe la posibilidad de pedir perdón” [El Espectador]

Toma del Palacio de Justicia [Wikipedia]