Los actores de la Ministra de Educación

Caricatura, Colombia, Política

Sí. Yo también tuve la desafortunada oportunidad de ver aquél video donde supuestos estudiantes apoyan la actual reforma a la Ley 30. Esos mismos que después fueron desenmascarados como actores, y que demuestran que el gobierno de Santos no sabe ya qué hacer para mantener en pie y hacer parecer democrática una reforma que construyeron un par de gerentes y la ministra de educación.

Interesante es, en cambio, el video original que inspiró la idea que tan mal representaron los actores de la ministra; el cual fue realizado por los estudiantes de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia, con la participación de algunos profesores que, obviamente, no son representantes de la actitud meliflua, hipócrita y camaleónica de la administración de dicha facultad

El video es el siguiente:

El por qué de los disturbios en la Universidad de Antioquia

Colombia, Denuncia, Humor Gráfico, Política


Hoy, a las tres y media de la tarde, tuvimos que presenciar con interminable dolor y vergüenza cómo en la Universidad de Antioquia ingresó el ESMAD a desalojar los estudiantes. En menos de quince minutos la policía entró por todas las porterías disparando gases e insultos, con los que metódicamente echaron fuera a todos los que en ese momento se encontraban protestando por la actual reforma a la Ley 30, que regula la educación superior en el país; y, sea dicho de paso, a los que no estaban protestando también los sacaron de la misma forma.

Si el lector no está contextualizado con esta reforma, le conviene saber que está llena de artilugios discursivos que afectan profundamente la autonomía y la calidad de la educación. En resumen, la reforma deja de concebir la educación como un derecho, para considerarla un servicio. Las universidades, como entidades prestadoras de servicios, serían consideradas como empresas, que deben sostenerse a sí mismas mediante el incremento de matrículas y alianzas estratégicas con el sector privado. El gobierno, con esta medida, se libra de la responsabilidad de responder financieramente por la educación pública, pero otorga al Ministerio de Educación más autoridad para definir los lineamientos académicos de las universidades. Así las cosas, el ministerio incrementa su autoridad restando autonomía a las universidades, mientras reduce el presupuesto a las mismas. La actitud del gobierno, para los que prefieren los diálogos, sería algo como “universidad: preocúpese por financiarse, que yo me encargo de decidir lo académico”. Lo que opinan los estudiantes es ¿no debería ser al contrario?

Es evidente que la situación actual que atraviesan las universidades públicas en todo el país es de participación. El gobierno y las directivas de las universidades asumen una posición hipócrita y meramente discursiva cuando convocan a los estudiantes a presentar propuestas argumentadas y protestar pacíficamente, porque en el momento de la acción no se crean espacios para ello y en cambio se trata a los estudiantes como un rebaño de delincuentes que hay que pastorear fuera de las universidades mediante gases lacrimógenos, insultos y violencia. Gobernar es dar ejemplo: la policía es la única representación que se tiene en las universidades de quienes ejercen el poder político del país y, desafortunadamente, la policía colombiana no está entrenada precisamente para dialogar.

Mientras tanto, las directivas de la Universidad de Antioquia han decidido que hasta el próximo lunes no habrá actividades académicas ni administrativas en todas las sucursales del departamento, lo que representa una nueva contradicción con el discurso de debate argumentado y discusión pacífica que tanto se promueve. La universidad debe mantenerse abierta para la construcción de propuestas, no cerrada por el ESMAD y sus más altos generales.

La situación actual exige una gran capacidad creativa y organizativa de los estudiantes, que trascienda al quietismo y la indiferencia a las que se ha acostumbrado la mayoría, y a la violencia que el desespero despierta en las minorías. Otra posible solución es que el gobierno comience a invertir en educación lo que se gasta en gases lacrimógenos, con lo que soluciona dos problemas al tiempo. Ambas soluciones son obvias, pero la pregunta que decepciona en este punto es ¿cuál de las dos está más cerca?