Más censura y amenazas: el caso de la Corporación Nueva Gente

Santos había prometido a los Colombianos que el suyo sería el gobierno de la «Prosperidad democrática». En todos los discursos, propagandas, entrevistas, debates y demás espacios donde Juan Manuel podía dar a conocer su propuesta de gobierno, desembocaba inevitablemente en promesas de empleo. Todo muy bien preparado por su asesor de campaña.

Pero después del 7 de agosto, estas promesas se han venido al suelo, sobre todo para los caricaturistas y columnistas de opinión. Vladdo, uno de los caricaturistas más conocidos de Colombia, publicó en su blog el pasado jueves una columna donde expresaba su amarga decepción ante el sigiloso gobierno actual. Y es que este gobierno se caracteriza precisamente por un lúgubre silencio, por evitar los periodistas y hacer todo en el encierro: lo que antes llamábamos «opinión pública» se ha privatizado también, metódicamente.

La circunspección del gobierno actual está bien justificada y fortalecida:

La escandalosa intensificación de la violencia en todas las ciudades no deja al gobierno mucho para decir, y las medidas que se toman desde la oscura Casa de Nariño demuestran que la continuidad del uribismo está vigente, aunque los libretistas de Uribe y Santos les hayan propuesto una dramática y superficial divergencia de opiniones. Una comedia que ambos, a través de los medios, han representado con éxito y que los colombianos siguen como a una telenovela.

Por otra parte, el gobierno se ha propuesto no sólo ser el abanderado del silencio, sino su más implacable gestor y promotor. Colombia vive una época de violencia y de «Prosperidad represiva»: organismos del estado como el ESMAD ingresan a las universidades públicas sin carnet, inclusive, llevan su indeseable presencia a otros escenarios de protesta pacífica. El ejército plaga los pueblos y ciudades con camiones, reclutando ilegalmente a jóvenes y adultos.

Por otra parte están los movimientos oscuros que siempre han gobernado en Colombia, rebosantes de impunidad y estableciendo sus propias leyes. El gran favor que Álvaro Uribe hizo a estos grupos fue decir que habían desaparecido, ya que pueden gobernar a sus anchas sin preocuparse por los escándalos.

Medellín es una de las ciudades más afectadas por todos los males ya mencionados, especialmente por el silencio. Y, como un virus, el problema se extiende y salpica poblaciones vecinas, como es el caso del Municipio de Itagüí. El pasado jueves 16 de septiembre, Carlos Andrés Cardona, presidente de la Corporación Nueva Gente, recibió una amenaza de muerte por su participación en diversos procesos de defensa de los derechos humanos en ese municipio, y por sus denuncias mediante «La Fuerza Informativa«. A su oficina llegó la siguiente nota:

La caligrafía de los matones es pésima, y desconocen las ventajas de la puntuación. Hay que decirlo. Les transcribo la nota a continuación:

Señor Andrés Cardona

Los muertos no son tu problema te callas o te callamos hijueputa malparido te demostraremos que no estamos jugando en Itagüi estamos cansados de tanto sapo hijueputa

En Mundo desgrafiado se denunció recientemente el intento del Señor Innombrable por silenciar las opiniones diferentes a la suya. Y se hace necesario también denunciar este tipo de casos, que abundan en Colombia y que son también intentos (cada vez más cercanos y violentos) de callar a quienes se oponen a la Ley del silecio impuesta por los gobernantes colombianos.

Desde este espacio quiero hacer llegar a Carlos Andrés y a los integrantes de la Corporación Nueva Gente mi apoyo, dando a conocer su caso a quienes visitan este espacio. Somos cada día más los que consideramos necesario contarle al mundo lo que sucede en Colombia, la tensa situación de censura que vivimos, las fuerzas mezquinas y silenciosas que desde todos los flancos se oponen a la expresión y a la defensa de los derechos y las garantías para vivir dignamente.

Nuevamente es necesario decir que aunque nos quieran dejar sin trabajo a quienes utilizamos como materia prima la información, la opinión y la expresión; seguiremos en un inexpugnable esfuerzo por hacer lo que consideramos necesario para que los que se queden sin trabajo sean los silenciadores.