Juan Manuel Santos: próximo presidente en el país de los godos

Colombia eligió al presidente que se merece. En una democracia es la mayoría la que elige, y en las elecciones del día de hoy fue la mayoría quien eligió a Juan Manuel Santos como presidente de la república (y me atrevo a lanzar esta conclusión aunque todavía falte una segunda vuelta electoral).

Vale la pena analizar cuál es la mayoría que eligió a Juan Manuel. Casi siete millones de colombianos que vendieron su voto, que se dejaron intimidar por grupos armados, que hacen del rencor su ideología, colombianos que ven en la violencia el mejor camino a seguir, sin contar otros tantos que sufragaron desde la tumba. Millones de personas que se dejaron convencer por patrañas, que estuvieron atentos a los consejos ilegales del presidente, que tomaron las encuestas por argumentos, que ven telenovelas, leen a Walter Riso, van a misa todos los domingos, que creen ciegamente y se baten a muerte por sus creencias y no por sus convicciones.

En un país de casi cincuenta millones de personas sólo votaron cerca de quince millones, que con su participación en las elecciones legitimaron (y con vergüenza me sumo: legitimamos) los votos de más de seis millones, que determinarán el futuro entero de un país. ¿Dónde queda la opinión de la verdadera mayoría? ¿Por qué esos votos no llegaron a las urnas? Puede ser porque muchos no pudieron desplazarse a un puesto de votación a razón de su pobreza o por la inseguridad, puede que muchos no tuvieran internet para consultar dónde debían votar, o por pereza, o porque consideran que «elijan el que elijan, las cosas seguirán igual».

La mayoría ha ganado. La que se preocupa por lo que hacen los demás o la protagonista de una narcoserie televisiva, y que prefiere que mientras tanto otro se encargue de pensar, proponer y decidir el futuro de un país.

En nuestra democracia las mayorías asumen que un presidente tiene el papel de «mandar», y no que es un simple servidor público que debe cumplir lo que le ordene un pueblo, consultando al mismo y conciliando la divergencia de opiniones e intereses que en él hay. ¿Les parece una labor imposible? Pues bien, es la labor que debe cumplir una persona con el sueldo y los beneficios de un presidente, así mismo, esta labor requiere una capacidad mental, pragmática, coherente, ética y administrativa que de verdad exija a quienes se lanzan a la presidencia ser personas idóneas e integrales, representantes y veedoras de los intereses de un país.

Cualquier candidato que hoy fuese elegido para la presidencia sería un reflejo y un «mandatario» de esas mayorías que eligen en Colombia, pero su papel de servidor lo reservaría para los narcotraficantes, los poderosos empresarios y los políticos de países «desarrollados»; a quienes no vacilará en arrodillarse como legítimo representante de las mayorías que le respaldan.

¡Felicitaciones Colombia, Juan Manuel Santos será el próximo presidente!

Entrevista a Juan Manuel Santos (Chucky)

Nada es más fácil que conseguir una entrevista de un candidato a la presidencia en tiempos de elecciones. Por ese motivo he invitado a Chucky (conocido también como Juan Manuel Santos) para que responda a algunas preguntas sobre su gestión en el pasado gobierno y sus propuestas para acabar con el país en el desafortunado caso de que consiga llegar a la presidencia de Colombia.

Chucky es ya el tercer invitado a las entrevistas que, gracias a La Fuerza Informativa, se difunden los viernes entre las 6:30 y las 7:00 pm. Esta entrevista saldrá al aire el próximo viernes 30 de abril por Radio Super Medellín (710 AM) o por Internet via streaming, en esta página Web.

Los dejo, pues, con Chucky:

La canción utilizada para ambientar esta entrevista se llama “Horse saloon” del álbum “Nobody’s Flowers”, autoría de la agrupación Persson. Éste álbum está disponible para su descarga gratuita desde Jamendo.

¡Por todos los Santos, Chucky!

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Es entendible que hace unos meses, en el apogeo mediático de Andrés Felipe Arias, los colombianos rechazaran su singular y caricaturesca personalidad bajo el acertado argumento de que éste “quería ser Álvaro Uribe”. Para muchos, el dignísimo presidente no podrá ser comparado con otro ser humano en lo que queda de eternidad, y aunque Andrés Felipe intentó re-crearse a imagen y semejanza del primerísimo jefe patrio, muchos agradecemos que no haya alcanzado el presupuesto de su campaña para comprar la cantidad de votos suficiente y salirse con la suya.

Pero hay otro personaje que ha aprovechado con un poco más de amor propio la aceptación populista que Álvaro Uribe construyó en sus dos eternos periodos presidenciales: Juan Manuel Santos. Tiene Juan Manuel dos cosas que necesita un candidato presidencial para gobernar tranquilamente: amigos sucios y un periódico para limpiarlos (saben mucho las señoras  sobre las casi milagrosas cualidades limpiadoras del papel periódico).

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La semana pasada, Santos visitó la Universidad de Cali so pretexto de explayarse hablando de sus planes de seguridad ciudadana, y ocurrió algo que aún danza entre el límite de lo planeado y lo inevitable: algunos estudiantes lanzaron gases lacrimógenos y gritaron a Juan Manuel un conocido pseudónimo. El mismo Santos relata la experiencia en su diario personal:

«Lastimosamente yo quería ir a un centro de educación, como es la Universidad, para lanzar, paradójicamente, nuestra propuesta de seguridad ciudadana. Había más de 600 estudiantes listos a debatir, pero llegaron otros muchachos (…) eran encapuchados con consignas bastante radicales. Algunos me decían ‘Chucky’, y ‘Chucky’ es lo que utiliza Anncol para referirse a mí. No quiero acusar que allá estaban las Farc, pero me parece bastante coincidente».

A decir verdad, fue más gracioso ver a Juan Manuel pronunciando estas palabras que el apodo mismo. Y es que el parecido entre éste y el reconocido personaje de ficción no podría ser más asombroso. Por eso –vale la pena agregar- la chapa que le pusieron a Santos no es de uso exclusivo de los integrantes de Anncol, extendiéndose a diversos sectores del país como un atinado sustantivo para evocar la macabra humanidad del aspirante a la presidencia.

Es evidente que tras esta desafortunada situación Chucky –el original- no es el único que pierde. Pierde también la libertad de expresión de los colombianos y su derecho (que es como llamamos en Colombia a las necesidades) de caricaturizar a quienes en su apariencia física reflejan su pasado y su conciencia. Es una suerte que nuestro Chucky haya venido al mundo con ese embarazoso problema morfológico, excepto para su querida madre, que tuvo que pasar por la dificultad de lidiar con su desnudez infantil.

Que sea este artículo, pues, la oportunidad para extender el conocimiento de este remoquete a quienes no pertenecen a Anncol, para que puedan usarlo libremente sin ser marcados con la etiqueta del terrorismo armado. Y para decirle a Juan Manuel (si es que algún día hace el honor de pasar por este espacio) que ya Andrés Felipe Arias fracasó en el campo del travestismo político, y seguir con la misma estrategia, ahora con personajes de terror, no puede ser en ninguna medida benéfico para los resultados de su campaña. Evoco a Andrés Felipe porque considero que este incidente sabe a cortina de humo, de esas que muy bien sabe crear Álvaro Uribe, con la misma pizca de ingenuidad simulada y las mismas acusaciones a los estudiantes universitarios. Hago esta afirmación apoyado solamente en el voluble campo de la suposición, pues, parafraseando al mismo Juan Manuel, “no quiero acusar que este acontecimiento estaba planeado por un jefe de campaña, pero me parece bastante coincidente”.